jueves, 27 de enero de 2011

Amigo mío, lo sé, sólo vives por ella, que lo sabe también, pero ella no te ve como yo. Suplicarle a mi boca que diga que me ha confesado entre copas, que es con tu piel con quien sueña de noche y que enloqueces con cada botón que te desabrocha pensando en sus manos. Ella no te ha visto temblar, esperando una palabra, algún gesto un abrazo. Ella no te ve como yo suspirando, con los ojitos abiertos de par en par, escucharme nombrarle. !Ay, amigo mío! lo sé y ella también. Amigo mío, no sé qué decir, ni qué hacer para verte feliz. Ojala pudiera mandar en el alma o en la libertad, que es lo que a ella le hace falta,
llenarte los bolsillos de guerras ganadas, de sueños e ilusiones renovadas. Yo quiero regalarte una poesía; tú piensas que estoy dando las noticias. Amigo mío, ojala algún día escuchando esta canción, de pronto, entiendas que nunca quise contar tu historia porque pudiera resultar conmovedora. Pero, perdona, amigo mío, no es inteligencia ni sabiduría; esta es mi manera de decir las cosas. No es que sea mi trabajo, es que es mi idioma. Amigo mío, principe de un cuento infinito. Amigo mío, tan sólo pretendo que cuentes conmigo. Amigo mío, a ver si uno de estos días, por fin aprendo a hablar sin tener que dar tantos rodeos, que toda esta historia me importa porque eres mi amigo.

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